viernes, 13 de junio de 2014

BUSCADOR BUSCADO La Lagunilla del Tapado y el final de su supuesto secreto


Las historias de los tapados, con variantes, se asemejan todas. No en vano cavaron en las ruinas jesuíticas de Santa Ana (Misiones) y otras en procura del ubicuo tesoro de los discípulos de San Ignacio de Loyola. Por algo hicieron también el gran corte para desaguar la Laguna Leandro, en Humahuaca. De la Laguna del Tesoro en Tucumán se dice lo mismo: una zanja que habrían cavado para bajar el nivel, y así por el estilo. Las ruinas de Batungasta, a medio camino entre Tinogasta y Fiambalá sobre el río de la Troya, estaban casi intactas cuando pasamos por allí en los años ’50, pero después los sempiternos buscadores terminaron derribando los muros porque “buscando el tapado un viernes santo” es posible encontrarlo.  


Dos curiosos caminando hacia la Lagunilla del Tapado, cerca del Abra de Gallo. Hace no mucho tiempo se intentó desaguar el estanque para llegar hasta las bonanzas sumergidas en su fondo


La mayoría de estas historias son dramáticas. Algunas otras, graciosas o tragicómicas. Como esta de la Lagunilla del Tapado en el camino por el Abra del Gallo, entre San Antonio de los Cobres y Santa Rosa de los Pastos Grandes.

Algunas de las referencias que consigno no coinciden exactamente con la realidad porque varios de los protagonistas aún viven.

Sucede que a un pueblito puneño arriba un buen día un forastero para radicarse en forma temporaria. En este caso, es el nuevo subcomisario.

El uniformado va conociendo los habitantes, sus ocupaciones, sus costumbres.  Sus vicios también. Al poco tiempo y merced a su sagacidad profesional le llama la atención uno de los pobladores, taciturno, con ninguna ocupación conocida, de poco trabajar y mucho caminar por la comarca y que de alguna manera logra vivir sin agachar el lomo.

Prácticamente es el único paisano que, sin ser rico, vive sin trabajar como los demás. El hombre de la gorra comienza a parar las orejas y abrir los ojos para enfocar mejor a nuestro personaje. ¿De qué vivirá? ¿De una herencia, tal vez?  Improbable. ¿O acaso de un filón, una veta que conoce y explota secretamente?

El gorra, sin otra ocupación en su oficina que la de tomar mate y charlar con los vecinos, arma una estratagema para radiografiar al sospechoso. Comienza a seguirlo en sus caminatas a los pueblos más próximos. Caminatas que lo llevan por el Abra del Gallo a la próspera San Antonio de los Cobres, la “ciudad luz” del altiplano central.

Nuestro personaje misterioso en sus largos viajes cuesta arriba, cuesta abajo, trata de acortar camino, según observa el uniformado. Por algo en el pueblo lo llaman Atajo.

Y durante estas jornadas suele desviarse de la huella trillada y pasar al lado de una lagunilla alimentada mitad por una vertiente, mitad por agua de deshielo. A unos 4550 metros de altura, distante apenas 5000 pasos de lo alto del Abra del Gallo en dirección a S.A. de los Cobres.

Allí nuestro personaje misterioso, descubre el gorro, suele detenerse y tomar unos sorbos de agua levantada con la mano hueca, para calmar la sed. Después de un pequeño descanso, continúa viaje.

En sí, nada sospechoso. Pero a veces el viandante solitario desaparece del pueblo de noche. ¡Ajá!, viene a la lagunilla para extraer algo de oro o lo que fuere de modo de tener para vivir por algún tiempo sin laburar como un buey.

Nuestro humilde servidor del orden decide buscar y encontrar el tesoro hundido. Toma un crédito, compra hachas, palas, picos, alambre tejido fino para tamizar, tablones, clavos, en fin: todo el equipamiento necesario para rescatar la bonanza. Conchaba peones y pone manos a la obra para excavar una canaleta y bajar el nivel de espejo ácueo. Un trabajo que demanda varias semanas en condiciones como solo se dan entre cuatro y cinco kilómetros sobre el océano.   


Detalle de la trinchera que se practicó con el propósito de desaguar la Lagunilla del Tapado. El gasto fue grande, pero inútil el esfuerzo ya que en el fondo no se halló una sola pepita de oro

 
Por fin se ha progresado lo suficiente como para que el nivel descienda. No logran vaciar el estanque del todo porque eso significaría demasiado esfuerzo en el terreno. Pero algo logran disminuir el espejo. A simple vista no aparece nada del ansiado tesoro. 

Comienzan a vadear en el agua buscando con los pies las presuntas pepitas que seguramente yacen en el fondo. Pero nada, nada y nada.

Los gastos fueron grandes. Los peones reclaman los jornales, pero el empresario ha desembolsado todo para la adquisición de las herramientas de trabajo. En el pueblo se invierte la situación: ahora no es el gorra el que caza malvivientes, sino los pobladores que lo acosan a él solicitando que les pague lo que debe.

La situación pronto se torna insostenible y el buscador buscado resuelve pedir su traslado y su jubilación anticipada.

Dicen que ahora vive en la ciudad de Salta ganándose la existencia con el sudor de su frente.

1 comentario:

  1. Leyenda? Realidad? mito? cuantos secretos de historias reales y ficticias habrá tras esta trinchera? Cuánto misterio y qué historia! Fenómenal maestro. Hemos publicado en el grupo de Facebook Locos por la Puna donde somos algo más de 13000 miembros al que seguramente muchos leeremos y nos deleitaremos con historias como estas. Aquí el link: https://www.facebook.com/groups/locosxlapuna/permalink/10152133275076003/ . Un gran abrazo.
    Axel

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