viernes, 13 de junio de 2014

EL SONIDO DEL ORO A punto de esclarecer el paradero de la campana de a bordo de La Margarita


Que Marlú sea la bisnieta carnal de sir Sherlock Holmes y la sobrina postiza de monsieur Hercule Poirot es tan cierto, o no, como aquello de un grupo de legistas que registraron y patentaron el revoleo del poncho en el escenario obligando ahora a la pobre Soledad Pastorutti salir sobre tablas, blanca e inmóvil como estatua viviente.

Lo que fuere. El hecho es que aquél navío que zozobró en las arenas del Tuyú, aún más de 130 años después del siniestro, sigue sugestionando a legiones de investigadores de

naufragios (dicen que en el transcurso de la historia hubo como 1200 encalladuras en las costas bonaerenses).

Marlú es una de esas entusiastas, desde que vio por primera vez el alto relieve de aquél drama en el patio del complejo habitacional La Margarita sobre la Costanera de Mar de Ajó que señala el punto donde embistió la playa aquél barco misterioso.

Charly Mey en su enciclopédico portal Histarmar (“todo lo que flota”) le erigió a ese misterioso pecio un verdadero monumento


Y Adrianaufra Pisani, que de niña trepaba entre los restos del no menos enigmático Anna de Hamburgo y ahora, ya señorita, nos deleita cada año con al menos dos obras de incalculable valor investigativo (clic: http://www.pasqualinonet.com.ar/Pisani.htm) también buceó cual una ninfa sin escafandra ni patas de rana hasta la quilla de La Margarita para desentrañar  los últimos secretos de ese velero que se hundió en las rompientes del Tuyú allá por el 1874 (el altorrelieve del complejo La Margarita, donde aparece el barco siniestrado en plena tormenta, conlleva un error cometido por el artista quien indica como año del suceso 1784 cuando en rigor debería rezar 1874).

De esa supuesta goleta (o lo que fuere) queda el casco de madera que con bajamar aún aflora donde tocó fondo, a pasos de la avenida Costanera e intersección con Libertador de Mar de Ajó, sin que hasta el presente se sepa a ciencia cierta qué era, qué carga llevaba, ni siquiera cómo realmente se llamaba aquella malograda embarcación. Los barriles que se rescataron, ¿contenían efectivamente pólvora destinada para Chile, o estaban hasta el tope llenos con finísimo cognac y armagnac francés? ¿Era su nombre acaso Margaretha? ¿O por casualidad Margarete, o bien Margaretta? ¿O realmente La Margarita, tal como reza en el friso alusivo y que ya casi suena como Mercadito?

¿Dónde, se preguntaba Marlú, sería posible sacar un testimonio fehaciente del nombre? Documentos escritos después de tanto tiempo ya no deben existir; apenas Charles Mey rescató algunos. Entonces, ¿Sumergirse y buscar y si fuera posible recuperar la campana, que sí debe llevar grabado el nombre correcto? Si el navío era de factura y botadura germana, debería haberse llamado Margarete, como se dice en alemán.

Un verdadero enigma, un rompecabezas de diez mil piezas, un misterio total.

Si no fuera por la bisnieta de sir Sherlock y sobrina postiza del inefable Poirot…

Pero en definitiva, ¿adónde nos llevará Marlú?

 

La Margarita (II)

 

-¡Mirá aquí!, me dijo Marlú apenas entró en la sala.

Levanté mi vista y de un golpe de ojo acerté a leer MARGA, el resto no alcanzaba a ver. Pero sabía que esa hermosa campana era la de la Margaretha, o bien La Margarita como también le dicen.

Me acerqué y alcancé a leer MARGUERITE. En letras de molde.

¡La campana de cubierta de aquél velero encallado frente a lo que hoy es Mar de Ajó!

Pero, si se llamaba Marguerite no podía ser un barco alemán, porque en la lengua de Goethe ese nombre es escribe Margarete, o, más moderno, Margret.

Jum, ¿Marguerite entonces?

Sabía vagamente que estaba en una estancia de la comarca, pero nunca me hubiera imaginado toparme con la campana aquí y ahora.

En eso se acercaba a Marlú la curadora del museo, y arrimándose a su oído, susurró:

-Dicen que es de bronce, pero según algunas opiniones sería de oro macizo. ¡Bastante pesa, le aseguro!

Marlú tomó el badajo y quiso hacerla sonar, pero la cuidadora se lo impidió.

-Por favor, ¡no!,- rogó y la tomó de la mano. -No queremos que se levante la perdiz. Por ahora la pieza está segura aquí.

Tomé varias fotos para documentar el hallazgo.

Pero lo de si es de bronce o de oro realmente habría que investigarlo. Así como está, si es de bronce ha de pesar 10 kilos. Pero si fuera de oro, acusaría en la balanza 21,63 kilos.

Hice rápido un cálculo de valores y equivalencias, pero comencé a marearme ante los resultados que obtuve. Volví en mí. De reojo observé a la curadora, único ser viviente en el solitario y olvidado museo que alberga semejante joya. Pero no seguí pensando en lo que se me comenzaba a ocurrir.

¡Medio quintal de oro fino, de Au 999!

Inicié un sucinto análisis de cómo verificar si realmente el objeto es de oro o no.

Hay tres metodologías, fuera del agua regia de laboratorio:

Una, morder el metal con el colmillo, como solían hacerlo los gitanos cuando en la vieja Europa monedas de oro aún eran medios de pago corriente. Si es oro puro, el canino se hunde un poco, pero eso requiere práctica. Lo mejor es que saques algún Kruegerrand, Águila o una libra de esas que te molestan debajo del colchón y le claves un par de incisivos, y luego, in situ, lo repitas con la campana.

O tocarla con la mano. El bronce se siente frío, el oro es pura calidez.

O bien hacerla sonar. El oro es infinitamente más valioso que el bronce, pero éste

tiene un sonido mucho más agradable, cristalino, incomparable, nadie sabe por qué.

A examinar entonces la campana para comprobar si es de bronce o de oro. Naturalmente que para ello primero hay que saber dónde buscar la campana de la malograda Marguerite (sin La).

Pero, ¿dónde encontrarla, dónde hallarla?

Buena pregunta. Tal vez también para este interrogante Marlú sepa la respuesta correcta.

 

La campana

Y bien, ¿Dónde está esa elusiva campana del Marguerite?
Te lo revelamos: en el museo de la ciudad de General Madariaga, situado en la

vieja estación de trenes.

Sí, ahí fue a parar. No te pierdas de verla.

Nada más, y ¡suerte!

Federico B. Kirbus



¡EXISTE!


Con inscripción


El Mural en Mar de Ajó


El cartel, con algún error histórico


Conjunto del memorial en Mar del Ajó


Cadena, ancla y tramos de los mástiles


Marlú y Federico


 
 

1 comentario:

  1. Son interesantes las historias de los naufragios. De chico siempre veraneaba en la zona y también había un barco hundido por Las Toninas (al norte de esta, yendo a San Clemente). Más allá de las diferencias vino a mi recuerdo este pasaje de mi historia de la infancia.
    Abrazo.
    Axel

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